| | VISIÓN INTEGRAL El macho latino
“El judeo-cristianismo es machista, ha sido una de las afirmaciones más difundidas en el mundo desde el surgimiento del llamado movimiento feminista, que, como todo extremismo, trajo consecuencias catastróficas, en este caso incluso en contra de las propias mujeres. Es indudable que la posición del hombre como cabeza -del hogar, el negocio, el estado, la iglesia- ha ido en detrimento a medida que algún grupo social reclama sus derechos supuestos o reales: los derechos de la mujer, en primer lugar; pero, también, los derechos del niño, los de los ancianos y, últimamente, hasta los de los homosexuales.
En medio de la inanidad religiosa de una iglesia sin respuestas a las preguntas de hoy, el varón cedió gran parte de lo que naturalmente poseía para que la mujer, en muchos casos, se masculinizara; abrió espacio anchuroso para que el niño se volviera adulto antes de tiempo; rindió territorio para que los ancianos pudieran chochear a sus anchas y sin estorbos; y, como si faltara, últimamente ha sido obligado a abrir calle de honor para el desfile independentista de los homosexuales. Como van las cosas, pronto nos veremos precisados a organizar un movimiento en defensa de los derechos del varón, que ahora solo tiene deberes qué cumplir.
En algunas iglesias hasta hay obispos de sexo femenino; por cierto, quienes ejercen tal ministerio prefieren seguirlo nombrando por la masculina y decir “la obispo”. Si Jesús viniera en estos días, probablemente sería conducido ante una corte, esposado y con guardias, no para endilgarle los delitos ajenos como hace dos mil años, sino para obligarlo a incluir apóstolas –así con a− en su junta directiva. Puede haber, sin duda, ministerios pastorales femeninos, siempre y cuando cumplan requisitos muy particulares que no son objeto de análisis en un libro como este; pero no debe desconocerse que la participación femenina en el pastorado fue extraña a la estructura eclesiástica hasta la insurgencia del moderno feminismo, que hizo posibles casos como los de Aymée Mac Pherson y Kathryn Kullman. Dentro de los sistemas monoteístas, el judaísmo desconoce a las rabinas y el islam a las muslinas; pero aún politeístas tan reconocidos como los hindúes carecen de gurúas…
…El varón ha sido arrinconado, reducido, minimizado hasta el extremo de que los animales ya tienen más derechos que su antiguo amo, cazador y domador; y la función de este se halla limitada a defender los derechos de todos los demás, cediendo los suyos propios para que no se diga que abusa de su fuerza e inteligencia. Ser hombre se está convirtiendo en un estigma y, tal vez por eso, muchos optan por cambiar de bando para obtener mejores garantías. Yo prefiero alinearme con don Miguel de Unamuno en la “intrahistoria” y seguir siendo “nada menos que todo un hombre”, como lo dijera este energúmeno, pero a veces certero, pensador español”.
(Darío Silva-Silva. Extractado del libro Sexo en laBiblia, páginas 79-81) | |