| | VISIÓN INTEGRAL Alegría por la sanidad
“Cuando la iglesia recién está comenzando en Jerusalén, ocurre una escena maravillosa, que la pluma periodística de Lucas relata en estilo impactante:
Un día subían Pedro y Juan al templo a las tres de la tarde, que es la hora de la oración. Junto a la puerta llamada Hermosa había un hombre lisiado de nacimiento, al que todos los días dejaban allí para que pidiera limosna a los que entraban en el templo.
Cuando éste vio que Pedro y Juan estaban por entrar, les pidió limosna. Pedro, con Juan, mirándolo fijamente, le dijo: - ¡Míranos! El hombre fijó en ellos la mirada, esperando recibir algo.
No tengo plata ni oro —declaró Pedro—, pero lo que tengo te doy. En el nombre de Jesucristo de Nazaret, ¡levántate y anda! Y tomándolo por la mano derecha, lo levantó. Al instante los pies y los tobillos del hombre cobraron fuerza. De un salto se puso en pie y comenzó a caminar. Luego entró con ellos en el templo con sus propios pies, saltando y alabando a Dios. Hechos 3:1,8
¡Me encanta la Nueva Versión Internacional! Mira que dice “tres de la tarde”, y no “la hora novena” –o, peor aún, “hora nona”- , una medición romana de hace dos mil años que nadie utiliza hoy. Las tres de la tarde, así ya uno sabe a qué horas iban Pedro y Juan al templo a orar. El punto culminante del relato es el cojo saltando y alabando a Dios. Alegría por la sanidad. Hay tantos motivos por los cuales estar alegres, pero la sanidad es uno de los más grandes. Saber que el Divino Sanador cargó mis enfermedades y dolencias hace dos mil años, no hoy. Es maravilloso tener la certeza de que fui sanado hace veinte siglos en la cruz. ¡La sanidad nos da felicidad!”
(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Fruto Eterno, páginas 74-75) | |